Hace más de nueve años que estoy viviendo en este lugar con mis hijos, Maria y José, y Pep, mi pareja, compañero y amigo.
Soy una amante de la naturaleza y la montaña.
He observado la natura, experimentado y convivido con ella.
He andado por los hayedos conscientemente y en silencio, sintiendo la sensación que da pisar la tierra, el follaje, la hierba, las piedras, percibir la vibración de la Tierra.
Contactar con la consciencia y la sabiduría de la gran diversidad de árboles.
Notando la caricia del aire i sintiendo el calor del sol sobre mi piel.
Percibir cuando la niebla me abraza con su manto blanco y húmedo.
La sensación que se tiene después de una nevada, aquel silencio impactante, absoluto y majestuoso, como si se parase el tiempo, la vida, todo se apacigua.
Escuchar el canto de los pájaros, el ruido de los animales cuando se hacen huidizos, el canto del viento y el vibrar de los árboles.
Sentir el temporal, la lluvia, el tintinar del agua por los riachuelos y el olor de la tierra mojada.
Observar el cielo, de día, a pleno sol o con nubes, y al abrigo de la noche, las estrellas y los cambios de la luna.
Cuando estoy en la natura, en medio del bosque, todo es más sencillo, te das cuenta que formas parte de ella.
La naturaleza nos está mostrando constantemente como tenemos que vivir, que todo tiene unos ciclos, que todo tiene su propio ritmo i su propia vibración, que nada es permanente, que el cambio es constante, que todo está en una transformación y evolución continua.
Solo hace falta observar la naturaleza para aprender, crecer, evolucionar e ir hacia adelante.
A través de la experiencia de estos años me he dado cuenta que las personas, cuando hace unos días que están aquí, se transforman, se sienten totalmente renovadas.
Es por esto que ahora veo que Mas Vilarmau puede ser mucho más que una casa rural
Mas Vilarmau es un lugar para hacer salud.
Un sitio mágico y sagrado por la energía y la vibración que tiene, es privilegiado por su situación, por su majestuosidad, por su pureza, por la calma y paz que desprende, y la tranquilidad que evoca…
En este paraje, en este lugar, me doy cuenta que todo es medicina, que todo sana, que todo cura.
Creo que todos tenemos que volver a nuestro origen, a la Gran Fuente. Tenemos que volver a casa, y una de las mejores maneras de hacerlo es conseguir una auténtica conexión con la Naturaleza, nuestra Madre Tierra, nuestro Planeta y esto nos llevará a contactar con otras dimensiones que en nuestro interior.
Estar en contacto con la Natura me emociona y me hace sentir agradecimiento por que su belleza me recuerda a cada instante lo maravilloso que es vivir la vida y poder compartirla.
Imma, una persona muy especial, mi puntal, la dueña de la cocina, por decirlo de algún modo. Aunque es mucho más que todo esto.
Es la amiga de mi vida, parte de mi misma, le tengo plena confianza, nos comprendemos solo con una mirada.
Muy afablemente le llamamos “La Tieta” porqué es parte de mi familia. Cuidadora nata, me ha hecho de madre a mi y a mis hijos y a todo el que se le acerca.
Imma tiene este don, cuidar, mimar, procurar por todo y para todos, dando a cada uno lo que más le gusta, con todos los detalles, con delicadeza, con ternura y con mucha estima.
Me siento afortunada de tenerla a mi lado, pues me da descanso y tranquilidad.
Imma es todo un personaje por quien siento un gran respeto y admiración, por su valentía, por ser como es. Siento un profundo agradecimiento por su infinito apoyo y soporte.
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